Es gratificante escuchar (y leer) a gente como Joan. No cabe duda, es un buen comunicador y se agradece porque hay quién tiene mucho que decir, pero no consigue trasmitir su mensaje. Joan nos dice que nos cuestionemos nuestro papel como consumidores. Modificando nuestra manera de consumir podemos hacer una pequeña revolución.

Suena pretencioso decir que uno puede cambiar el mundo a través de la manera de consumir pero es que realmente sí puede suponer una palanca que ayude a ir hacia otros modelos que consideremos más sostenibles y justos.

Es complicado modificar hábitos. Somos muy resistentes al cambio. Sobre esto también habla Joan. Por eso tenemos que entender que debemos hacer un ejercicio de autocrítica y tenemos que ver cuáles son nuestras preferencias.

Nací en el 75 y después de 40 años de inculcarme un estilo de vida basado en el consumo frenético, intento cambiar la educación que he recibido y no siempre lo consigo. Estoy haciendo pequeños cambios al alcance de nuestras manos sin tener que romper con un modo de vida convencional. Aunque lentamente, este periodo de transición a otro modo de pensar y de consumir, acompañado de mi pareja, nos hará ser unos consumidores más conscientes y responsables (respetando nuestra ecología mental).

ALGUNOS CAMBIOS PERSONALES

Cambiar los hábitos de consumo puede afectar al modo de vida “convencional” y es mejor que la familia esté de acuerdo en esto porque afectará a todas las partes. Por ejemplo, hace unos años decidimos vender el coche a ver qué tal nos iba ya que vivimos en una zona céntrica de Madrid. La verdad es que hemos sobrevivido y llevamos así tres años. Es más incómodo no tener coche en ciertas ocasiones, no lo voy a negar, pero no se sostiene invertir 3500€ al año entre talleres, seguros, gasolina… en algo que no es tan necesario. Lo que sí es un hecho, es que gastamos muchísimo menos alquilando y pidiendo prestado un coche puntualmente cuando se necesita. Al final compartimos un vehículo ocasionalmente.

Hemos asumido que: “lo más barato no es lo más sostenible ni es lo mejor” sobre todo, en la compra de alimentos. Ahora compramos en pequeños comercios del barrio que traen productos frescos de los alrededores. Mejor sería directamente participar en algún grupo de consumo, pero eso ya depende del tiempo y las ganas que uno tenga. Personalmente prefiero pagar y que una tienda haga las gestiones para poner a mi disposición los productos.

Otro tema importante ha sido intentar no dejarnos llevar por el consumo compulsivo de tecnología. Hay que ver dónde está el punto de equilibrio. Esto es una lucha entre lo que necesitamos y lo que nos venden como necesario. En mi caso, que trabajo en una empresa de telecomunicaciones, la tarea no ha sido fácil. Compartir la decisión y sopesarla suele ser un buen modo de no cometer errores.

Hay mucho que mejorar en nuestro día a día, y eso pasa por irnos a bancos éticos, a compañías de energía alternativas, al car-sharing, al consumo responsable y ético en pequeños comercios…etc  (yo mismo sigo sin hacer ciertos cambios por ese miedo que me inmoviliza a ir a lo desconocido). Nos tenemos que quitar esos temores fundados en el “mejor malo conocido”. Hay alternativas a muchos de los hábitos de consumo que hemos interiorizado como un padre nuestro. Tenemos que investigar y cuestionarnos lo que hacemos. Dedicar algo de tiempo.

Hemos tenido una educación orientada al consumo insostenible. Leer a gente como Joan, escuchar otras voces y cambiar las preferencias de nuestras vidas es algo necesario porque votando cada cuatro años no es suficiente. Somos responsables de enseñar a nuestros hijos estos valores. Para esto, los padres y madres tenemos que reciclar nuestros hábitos hacia otros más saludables. Yo estoy intentándolo y no es una tarea fácil. Tengo que decir que incluso hay quien me mira mal pero uno tiene que ser fiel a sus creencias aunque vaya en contra de lo que piensa la mayoría.

Una vez leído el libro puedo decir que es altamente recomendable. Propone unas ideas muy enriquecedoras pero en contra de la corriente de una sociedad consumista con los valores humanos puestos en último lugar. Un libro para todas las edades, fácil de entender y ameno. Me gustan las ideas que transmite. Hay que empezar a educar a los chavales desde jovencitos. Con 6 años ya pueden ser consumidores irresponsables.

Mi compañera de trabajo quería apuntar a su hijo de 18 años a la autoescuela “a ver si aprende a conducir” me comentaba. Me ha salido del alma contestar: ¿no será mejor que le enseñes a consumir de forma responsable? ¿Por qué lo más necesario para una persona en una gran ciudad contaminada es aprender a conducir? Seguramente es un rito social o bien una falsa necesidad creada para que la fabricación de coches no cese. En esta ciudad cuando uno llega a los 18 años tiene que aprender a conducir.

No digo que no sea importante conducir, digo que en una ciudad saturada de coches quizás deberíamos enseñar a evitar el uso indiscriminado del coche. Quizás invertir tiempo en transporte público no es tan grave. Quizás hay que enseñar a colaborar y ayudar en la limpieza doméstica. Quizás haya que invertir tiempo en ver qué tipo de productos compramos, cómo consumimos y las consecuencias de dónde ponemos el dinero.
Me da la sensación de que no estamos acostumbrados a concienciar porque nosotros mismos somos unos inconscientes.

Como me decía la dueña de una mercería del barrio donde vivo “las grandes superficies nos están matando”. La camiseta que compré costaba los mismo que en una franquicia, y al menos, estaba confeccionada en España (esto no asegura un proceso de producción justo, pero ya es algo), y me atendió estupendamente. Crear tejido social en tu barrio, conocer a tus vecinos, consumir en sus negocios enriquece y permite que haya sinergias entre las personas. La concentración comercial no creo que beneficie ni a  consumidores, ni a productores o intermediarios.

El autor ha publicado varios libros. Aquí dejo un enlace al último “La economía explicada a los jóvenes” Puedes ampliar información en en su propia web https://dineroyconciencia.es/biografia/
La economía explicada a los jóvenes - Joan Antoni Melé

Justo después de leerme el libro La economía explicada a los jóvenes y de publicar este post veo en una libreria de mi barrio llamada El Olor de la Lluvia  en la Calle de las Maldonadas 6, un anuncio de una charla titulada La Espiritualidad y el dinero impartida precisamente por Joan Antoni Melé. Además gratis. Sin pensármelo dos veces le dije a mi pareja que para celebrar el día del padre qué mejor regalo que ir a escuchar a este hombre. Desde aquí quiero agradecer a la librería El Olor de la Lluvia  este tipo de iniciativas que hacen que cada día esté más orgulloso de vivir en un barrio tan enriquecedor, y al autor, por tener la paciencia de dedicarnos un par de horas de su tiempo un sábado hasta las 21:00h y enseñarnos una forma de ver las cosas tan interesante.

Llegamos al sitio con algo de tiempo y también lo hizo Joan Antoni, al que le pedí que dedicara el libro La economía explicada a los jóvenes a mi sobrina de 14 años a la que intento concienciar, sin demasiado éxito, de que el mundo no funciona como se lo están pintando. A ver si con esta dedicatoria la chica se sensibiliza, me toma más en serio y deja de mirarme como a un perro verde cuando le cuento que es decisivo que tanto ella como las personas de su edad reflexionen sobre el consumo responsable. Su mirada perdida en el infinito mientras pido que se haga preguntas y que se cuestione lo de consumir a lo loco y siempre lo más barato, me hace admirar a Juan Bautista predicando en el desierto, y eso teniendo en cuenta que no soy creyente. Menos mal que soy  optimista y  confío en que en algún momento de su vida se le encienda la luz y empiece a consumir de forma responsable.

 

Según contaba Melé existen una serie de crisis en la actualidad: La crisis ecológica, la crisis sanitaria, la crisis social, la crisis económica y la crisis financiera. Todas estas crisis son fruto de perder de vista lo espiritual, lo humano y de dejar de entender que el uso del dinero es una relación entre personas y que el modo de consumir condiciona la existencia de otros seres humanos, con las mismas necesidades que podemos tener cualquiera de nosotros. Tu forma de consumir afecta a la vida de otro ser humano. No siempre lo más barato es lo mejor.

 

Citando textualmente a Joan Antoni Melé
“El poder del ciudadano no reside tanto en su voto, como en la dirección a la que dirija su dinero, su forma de consumir. De ahí que para consumir conscientemente sea necesario preguntarnos ¿qué compro, por qué lo compro, dónde lo compro? y ¿lo necesito o solamente lo deseo?”

“No es posible crecer infinitamente porque ni la Tierra lo permite ni hay demanda suficiente”

“Los problemas del mundo son un reflejo de los nuestros propios. No los resuelve un gobierno sino la conciencia”

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